Me llamo
Carmen Sereno

y tengo la manía de hablar claro -casi- siempre. No me gustan los tabús, ni los complejos, ni que uno de mis pasatiempos favoritos -decir tacos a diestro y siniestro -esté mal visto. Así que me he inventado este sitio para rajar de todo y de todos -de ti y de mí también, ¿o es que acaso te creías que aquí iba a salvarse alguien?- sin tabús, sin complejos y con tacos, qué coño.

Si todavía sigues aquí, es que eres de los míos, así que voy a aprovechar que aún tengo tu atención para contarte unas cuantas cosillas más acerca de mí. En todas mis anteriores vidas he sido periodista -cosas del karma-, pero como ya me he cansado de escribir para adular a los poderes fácticos, ahora me dedico a combatirlos. Y al tedio también. Por eso, además de ser una crítica -y criticona- despiadada, me he convertido en escritora de ficción momentáneamente en fase beta. Un poco obsesiva, para qué nos vamos a engañar, pero no mucho, sólo de las que se despiertan repentinamente a las tres de la mañana y se ponen a rehacer las 397 páginas de su novela al completo porque lo han visualizado en un sueño. Lo normal, vamos.

Además de vivir para escribir -espero que más pronto que tarde el orden de los factores sí altere el producto o no sé cómo puñetas me voy a ganar los garbanzos-, leo compulsivamente todo lo que cae en mi mano -sí, yo también me suelo entretener con el reverso del champú cuando estoy meando-, adoro los fetiches -sobre todo los que se comen-, robo fotos a cualquier pobre despistado, colecciono momentos pasados y presentes -futuros todavía no, pero espérate a que la tecnología avance un poco más-, invento historias a tiempo completo, viajo para poder decir que he viajado, sueño de día y vivo de noche. También corro -muy despacio- y cocino -muy mal-, pero de eso ya hablaremos otro día. De momento, te invito a pasar. Bienvenido a Lo claro rompe. Pero luego no digas que no te avisé.


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y tengo la manía de hablar claro -casi- siempre. No me gustan los tabús, ni los complejos, ni que uno de mis pasatiempos favoritos -decir tacos a diestro y siniestro -esté mal visto. Así que me he inventado este sitio para rajar de todo y de todos -de ti y de mí también, ¿o es que acaso te creías que aquí iba a salvarse alguien?- sin tabús, sin complejos y con tacos, qué coño.

Si todavía sigues aquí, es que eres de los míos, así que voy a aprovechar que aún tengo tu atención para contarte unas cuantas cosillas más acerca de mí. En todas mis anteriores vidas he sido periodista -cosas del karma-, pero como ya me he cansado de escribir para adular a los poderes fácticos, ahora me dedico a combatirlos. Y al tedio también. Por eso, además de ser una crítica -y criticona- despiadada, me he convertido en escritora de ficción momentáneamente en fase beta. Un poco obsesiva, para qué nos vamos a engañar, pero no mucho, sólo de las que se despiertan repentinamente a las tres de la mañana y se ponen a rehacer las 397 páginas de su novela al completo porque lo han visualizado en un sueño. Lo normal, vamos.

Además de vivir para escribir -espero que más pronto que tarde el orden de los factores sí altere el producto o no sé cómo puñetas me voy a ganar los garbanzos-, leo compulsivamente todo lo que cae en mi mano -sí, yo también me suelo entretener con el reverso del champú cuando estoy meando-, adoro los fetiches -sobre todo los que se comen-, robo fotos a cualquier pobre despistado, colecciono momentos pasados y presentes -futuros todavía no, pero espérate a que la tecnología avance un poco más-, invento historias a tiempo completo, viajo para poder decir que he viajado, sueño de día y vivo de noche. También corro -muy despacio- y cocino -muy mal-, pero de eso ya hablaremos otro día. De momento, te invito a pasar. Bienvenido a Lo claro rompe. Pero luego no digas que no te avisé.


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